El silencio también es un derecho

El silencio también es un derecho

Opinar es un derecho que, en este mundo hiperconectado en el que vivimos, tiene más espacio y promoción que el silencio. «¿Qué estás pensando?» Te pregunta Facebook; «¿Qué está pasando?» agrega Twitter, y salimos raudos y obedientes a decirlo todo tal y como se nos cruza por la mente.

Dejamos en Instagram cada momento de nuestras vidas revelando detalles que ni nos enteramos de que estamos dejando a la vista de todos mientras el algoritmo y los gurús nos inyectan la obsesión de buscar que nos comenten, o que comentemos, que compartamos y que guardemos.

«Deberías decírselo» te anima ese compañero de trabajo sobre aquello que el jefe hizo y no te gustó, o te lo grita tu mente cuando ves en Twitter una opinión contraria a la tuya. Y claro, las herramientas lo facilitan y todo el mundo parece gritarlo: «tienes los medios y es tu derecho» y, ¡juaz! Disparas.

Pero nadie te prepara para lo que viene luego, el «backlash», la censura, la bendita «cancelación», la gente mirándote feo o tu jefe despidiéndote. Porque opinar es un derecho, pero callarse también.

El silencio como una opinión

Callar puede considerarse una opinión, la de «no quiero decir nada porque no estoy dispuesto a exponerme». Sea a un insulto, a un problema laboral, a lo que sea. No en vano existe el derecho a guardar silencio, a no responder a personas o funcionarios sobre preguntas o situaciones que sabes que podrían dejarte vulnerable.

Por eso es que es mejor, a veces, callar. No quiere decir con eso que no opines, que no tengas una visión distinta o que no estés pensando que no estás de acuerdo con lo que sea que tengas en frente, sino que a veces la tranquilidad, la libertad y la seguridad que ofrece el silencio vale más que cualquier declaración oral o escrita que pudieras hacer.

Lo mismo pasa con las finanzas

Nada como querer comprar un producto para revivir la llama de la pasión una noche con tu pareja y recibir a los días un paquete con tu nombre, número de cédula y la descripción completa «consolador bluetooth anti-agua recargable» impresos en la caja.

No hay cosa más incómoda e insegura que ir al supermercado en hora pico y tener que decirle a un cajero en voz alta, tu número de identidad y la clave de tu tarjeta de débito, los dos datos que dan acceso a todo el dinero que guardas en tu cuenta bancaria, y esto último es algo muy común en Venezuela.

El silencio también es un derecho, es por eso que tu información financiera, tus fondos y las transacciones que haces no deberían estar a la vista de todos, porque hay cierta tranquilidad, dignidad y libertad en poder comprar y pagar lo que quieras y cuando quieras sin tener que dar explicaciones.

No deberías revelar en público la contraseña de tu tarjeta de débito, mucho menos en qué gastas tu dinero

Y Zcash te ayuda con eso

Una de las características más llamativas de Zcash es que te da la posibilidad de elegir cómo puedes manejar tus finanzas, puedes hacer aquellos pagos más sensibles usando el protocolo Zero Knowledge Proof para mantener tu información financiera resguardada, o usar direcciones transparentes para aquellas ocasiones en las que sea necesario dar pruebas de lo que estás pagando: un servicio, un pago a tu empresa, un concurso.

¿Necesitas auditar? Pues Zcash te permite crear una dirección con claves de «sólo lectura», que permite a un auditor o tercero interesado revisar los movimientos de esa cuenta, sin que sean revelados los datos de aquellos que te hicieron los pagos o los de tus direcciones privadas.

Es por eso que decimos que ZEC es la mejor alternativa al efectivo digital, porque tú puedes decidir qué pagos revelas y cuáles no, permitiéndote dejar todo lo necesariamente privado, lejos de la vista de los demás.

Tus claves deberían ser privadas, tus finanzas personales también.

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1 comentario en “El silencio también es un derecho”

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